De irregularidades
July 1, 2008
“Los escritores que rozan el castillo de la literatura son necesariamente irregulares. Esa es una de las lecciones fundamentales de la lectura. Pienso que todo el mundo dice lo que tiene que decir y lo dice de la mejor manera que puede: nadie que pretenda escribir literatura se sienta a hacerlo mal.”
-Álvaro Enrigue-
El escritor que duda…
July 1, 2008
…tanto que dice incoherencias.
Hay noches como la de ayer en las cuales siento dudas.
Veo mi novela como algo que me pesa, como si me provocara cansancio.
Honestamente pienso que sólo lo hago porque pienso que puede ser divertido lo que venga después de ser publicado. (–el escritor que quiere que hablen de su obra antes de ser escrita–)
Que me pregunten cualquier cosa para poder contestar: no sé.
Tengo dudas, muchas.
No me provoca placer sentarme a escribir.
Se trata de puro protagonismo. quiero ser reconocido, coño.
Quiero ser popular, muyyyy popular para luego irme y abandonarlo todo.
Me abandonaré en mi soledad. No deseo nada, a nadie.
Un día al final me levantaré de la cama y todo será un gran comienzo.
No quiero ser yo, quiero ser otro.
Es aburrido ser uno mismo.
Ser otro es jugar.
Ya sé…escribo porque estoy aburrido.
Algo divertido es inventarme que soy otro.
Lauro Aguirre
June 26, 2008
Llamada telefónica.
Un chica adolescente buscó: hospedaje para perros, le dijo a su mamá, quien a su vez le dijo a su papá.
Fue ella quien hizo la llamada a mi casa.
Se trataba de un Golden, fueron sólo dos noches. Al momento de tomar los datos del domicilio dijo que quedaba por Díaz Mirón: Sí conozco por donde es: yo vivía de chico por ahí.
Recordaba aquella privada, era en donde vivía una compañera de la primaria: Paula.
A pocas casas de ahí también vivía uno de los guías del grupo de scouts al que pertenecía: el grupo 50 de Miguel Hidalgo.
El día que tuve que salir para recoger al perro, me costó trabajo concentrarme para organizar la ruta por la cual me iría. Cada vez con menor frecuencia hacía viajes al norte de la ciudad.
Como era habitual programé todo para hacerlo por la noche. Volví a sentirme tenso por andar en barrios que consideraba peligrosos.
Entré por una avenida y recorrí desde el principio la segunda calle que conocía bien en mi vida: en la cual viví de los seis a los doce años de edad: Lauro Aguirre.
Mi Malibu automático me permitía desviar la mirada hacia el edificio en el cual había vivido mi amigo Víctor. Recordé su edificio: su departamento, su familia, su cuarto.
En una esquina vi una panadería y una vinatería a la cual mi nana me llevaba. Solíamos ir ahí seguido, me llevaba ahí porque había un hombre, el encargado, al cual visitaba: platicaba con él: yo sólo observaba los anaqueles de los dulces.
Media calle adelante: el número 217: ahí vivía yo, me dije.
Di la vuelta en u. La privada había cambiado, tenía un portón de acero que impedía una libre entrada: Ahora es peligroso, pensé.
Toqué un timbre y esperé.
Frente a aquella entrada estaba el camellón en donde jugaba fútbol. Lo vi diminuto, no como lo recordaba: inmenso. Un hombre se acercó y abrió la reja con un control remoto. Apenas cabía mi auto para llegar al final de la privada. Lo dejé ahí, lo más cerca que se podía de la entrada.
La entrada a una casa humilde: ¿Cómo me pudo haber contactado una familia así?, volví a pensar.
La familia me explico tiempo después que su hija tenía acceso a Internet en la escuela. Se irían dos días de viaje. Aseguraban querer a su perro a pesar de que lo tenía la mayor parte del tiempo en un patio de servicio.
Era un Golden inquieto que sacaba la basura del bote que tenían para este fin.
Me senté en el comedor y conversé con ellos un poco para darles confianza de que su perro estaría en buenas manos. Siempre es común que la esposa y mujer de la casa, que es quién más convive con el perro, hable quejándose: de una forma cariñosa, de todos las travesuras del perros.
Estaba tan acostumbrado ya a escuchar a los dueños en ese tenor que ya ni siquiera registraba bien lo que decían. Y mis oídos no escuchaban porque se trataba de un servicio de hospedaje y no de asesoría de comportamiento.
Me pidieron que al regreso tocara al timbre y que el abuelo estaría en casa pero recibir a perro.
Era una familia completa, el jefe de familia me había caído bien. Al momento de hablar de dinero fue como si fuera todo un sacrificio pagar por el hospedaje del perro. El jefe de familia sacó algunos billetes: el pago fue por adelantado.
Una regla en este negocio y supongo que en mucho otros es que la gente que menos tiene, es la que paga lo que se cobra sin protestar: la otra, la que tiene dinero, es la que te pide descuentos o exclama: ¡por qué tan caro!
Sólo unos años después me reservaría el uso de mis servicios aplicando otros criterios que distaban mucho de la necesidad que pudiera tener. Uno de mis criterios después fue que si me regateaban o comentaban algo sobre el costo del servicio, les negaba el mismo. Era mi propia concepción del comercio justo.
Ya no era el mismo, que cuando trabajaba con Pol.
Dijeron también que el perro no estaba acostumbrado a usas correa, que jalaba mucho: No importa, lo subo al auto sujetándolo del collar.
Sí jalaba, tanto que sentí un tirón en la espalda, me había lastimado.
–¿Y así se va ir? Nosotros nunca lo hemos subido a nuestro coche
–Al rato se echa
Salí de la privada y en la primera esquina me detuve. Saqué mi correa, la que siempre traigo: mi favorita.
Le puse la correa al perro y la atoré con la puerta del lado del copiloto. No pensaba hacer el trayecto de regreso con un perro brincando o pasándose de un lado a otro del auto. Cuando llegué a casa lo solté para que oliera y se familiarizara. Me sorprendió que se portara bien durante su estancia. Dos días después lo regresé. Toqué al abuelo, quién me dijo entrar con el perro para dejarlo nuevamente en el patio de servicio.
Nos dueños no llegaron sino hasta después.
Ese día que regresé a Lauro Aguirre aun había luz solar. Ahora sí pude ver mejor el barrio en el cual viví de pequeño: era horrible. ¿Cómo mi madre me tenía viviendo ahí?
1612 palabras
June 21, 2008
Desde hace cerca de dos años me ha acomodado seguir la que considero la técnica del NaNoWriMo.
Consiste en escribir 50 mil palabras en 30 días. 50 K (mil) son alrededor de 120 cuartillas.
El fundador del NaNoWriMo tiene un libro en el cual propone que no exista ningún nudo dramático ni cosas por el estilo. No uso de escaletas: nada.
Todo se limita a escribir, a contar.
La cuota diaria es de 1612 palabras. Un número que desde un principio se aprende rápido porque al inicio es como una meta u obsesión cumplir con la al parecer tarea fácil de escribir 1612 palabras cada 24 horas.
La primera vez que lo hice fue muy difícil, apenar llegue a 12 mil palabras en los 30 días.
La segunda vez, 25 mil.
Ahora estoy en la tercera, es mi 5to día y ya voy atrasado.
Este proceso me ha permitido darme cuenta de muchas cosas; escribir lleva tiempo, es una actividad que me toma en promedio de 3 a 4 horas al día. Como un trabajo de medio tiempo.
Hay 3 momentos en los cuales se me dan las cosas para sentarme y escribir. Por la mañana inmediatamente que despierto, antes de la hora de la comida como a las 2 p. m., y a partir de las 8 p.m.
En esta ocasión quizá todo sea más fácil porque todo ya lo tengo en la cabeza.
Mi trabajo en una primera etapa consiste simplemente en un vaciado. Uno de los problemas a los que me enfrento es al estilo: me surgen dudas, aunque he dejado que mi olfato me guíe y decida su muy particular estilo.
El estilo me resulta muy importante en las novelas; un escritor es su estilo porque contar ocurrencias cualquiera.
No importa qué se cuente, lo verdaderamente importante es cómo se cuente.
El estilo también determina la perspectiva.
El estilo narra lo no narrado: el intertexto.
Por ser de suma importancia para mi es que me es difícil decidir a veces cómo es que mi personaje percibe su entorno.
Sé que en cuanto tenga escritas las 50 mil palabras, vendrá en trabajo de revisión; en el que recortaré un tercio quizá de la novela, cambiaré el orden y agregaré quizá otro arranque y otro final.
Así es mi propia técnica de escritura.
Ya les contaré muy en breve los problemas a los que me enfrento.
Han quedando atrás las distracciones. Estoy claro en que debo hacer mi tarea diaria.
Todo el tiempo pienso en ello. Mis días son buenos sólo en función de 1612 palabras escritas.
El escritor concentrado
June 13, 2008
Hay momentos en su vida en los cuales necesita concentración total.
No sólo debe luchar en contra de la página en blanco, en tratar además de articular la estructura de su novela, de repasar cada línea, buscando si acaso no cambió de tiempo verbal o si era momento de que uno de sus personajes tomara la palabra.
No.
Fuera del texto su lucha es mayor cuando siente que su estómago está vacío, cuando el lloriqueo de un perro lo distrae o incluso el zumbido de un mosco.
La concentración no es la espera de la musa inspiradora, eso ya lo sabe nuestro escritor: se trata de un mito urbano de sobremesa, se dice.
Concentrarse para él es no dejar de apretar teclas de manera compulsiva, como prueba de velocidad, sin siquiera poder cambiar de canción porque si tan sólo aprieta skip…se pierde el hilo, la trama, el tiempo, la vida y la razón de existir.
Concentración, pues, es quizá el primer ingrediente de su recorrido y con ello la ya tan gastada soledad.
Escribir se vuelve algo tan grande para él, como cuando existe ese pésimo sabor de boca el cual no se da por cuestiones técnicas, que no por falta de imaginación.
Hay días en que el escritor concentrado tiene que sortear más problemas, ante tantas cosas por hacer, tanta tv, música, chats, blog qué revisar; nada más difícil que concentrarse en el hilo conductor de lo que trata de contar.
Cuando el escritor se resigna y pierde la concentración, se experimenta una impotencia más parecida a la pérdida de algo que alguna vez tuvo. Como la muerte de un familiar, como el camión que se fue, un programa semanal que se dejó de ver.
Oda a la concentración, pues, van sus colegas en prenda, va su vida entera apostada por un puño de concentración.
Los dados están cargados piensa el escritor sin concentración, para qué luchar si ya se ha perdido desde el inicio algo que se esperó con ansías durante el día. Como quien espera una cita, como quien en medio de la noche aguarda a que el sol ilumine la mañana para iniciar actividades.
La gente suele no entenderlo, piensan que escribir es como cualquier otra actividad, como llenar archivos con número fatuos.
El escritor se quita los lentes, pasa sus manos sobre el rostro y maldice todo lo maldecible.
Cruza las manos sobre su rostro, suspira, exhala. ¿Piensa?
De pronto busca un asidero dónde encallar. Algo al cual sujetarse para no rendirse y terminar por reconocer que la victoria no lo favoreció, que habrá que esperar, quizá no mañana, no este mes, no…nunca. Cae en el fondo de un precipicio que también reconoce como La rendición.
Después de unos minutos recapitula su situación.
La concentración podría regresar si tan sólo comenzara a pensar que ya lo ha perdido todo, y por todo se refiere a todo, a lo más importante: su autoestima de la noche, de esa única noche en la que vive que también llama el tiempo presente, cuyo momento en el tiempo no es otra cosa que una extraña incertidumbre.
¿Qué hacer? ¿Volver a empezar?
De pronto cae en la cuenta de que si logra que la concentración regrese, no sólo podrá salir victorioso de una noche más, se irá a la cama como un verdadero Dios, como un guerrero del silencio, como el creador mismo de su salvación.
Su mente al escuchar esto comienza a carburar, se da cuenta que sus dedos han adquirido ese calor que sólo da el movimiento automático de sus ideas sobre el teclado, nuestro escritor escribe, se ve, lo siente él mismo, su rostro esboza una sonrisa cómplice, como el piloto que en la última vuelta rebasa a quien durante las últimas 47 vueltas iba delante de él; una sonrisa cómplice, repite, y a la vez burlona, porque fue más allá de los límites de la desesperación, porque por unos momentos, horas, quizá, creyó en el fracaso, pero no…nunca subestimen su madera, otros dirían su ego tan grande, grandilocuencia, viejo zorro en un callejón oscuro.
Nuestro escritor ha despertado, escucha todo lo que dejó de escuchar, aquello que lo interrumpía, ahora ya simplemente no importa, nada lo detiene: lo sabe.
Ha ganado la batalla a favor de la concentración.
¿Quién dijo que escribir fuera fácil?
Él lo dice ahora, lo es, con esa seguridad y ese aire que lo hace ser el escritor más concentrado de la tierra.
Ahora sí, punto y aparte, ha comenzado realmente a escribir: a vivir.
Ideas de sustentabilidad literaria
June 4, 2008
Boceto de un nuevo manifiesto de la postura del escritor sustentable
Nunca he hecho un manifiesto.
Sería…un manifiesto de los nuevos escritores
en PRO de:
-La venta directa de libros en formato PDF, sin intermediarios, sin cuota ecológica producto del gasto de combustible en la distribución de los mismos.
-De la edición impresa independiente y autónoma, en tirajes cortos y limitados.
-El texto siempre será más importante que el mismo autor.
en CONTRA de:
-Las editoriales comerciales que pagan ínfimos porcentajes a los autores.
-Los editores cuyos parámetros de selección no responden a las necesidades del lector actual.
-Las librerías quienes como último eslabón en la cadena comercial, duplican el precio del libro, desconocen el mercado emergente y propician un consumismo salvaje obedeciendo a las necesidades de las editoriales.
-que se vea al autor como rockstar.
-la sobre oferta de novelas
Una mañana en la vida del Sr. Vaddy
May 28, 2008
Estoy solo. Uno siempre está solo.
Subí el volumen a la música como si al hacerlo, ese movimiento de girar el botón hacia el lado derecho, al mismo tiempo me transportara lejos.
En realidad no deseaba estar lejos: soy feliz aquí.
–¿No crees que vives como dentro de una película? -me dije.
–Sí, pero por momentos siento que se trata de una de bajo presupuesto. -me respondí
Es como si la producción necesitara un auto de lujo y sólo se pudiera utilizar el viejo compacto del director.
Una producción limitada, no necesariamente de recursos.
…
¿Es acaso un cliché, que el mexicano tiene mucho ingenio que puede armar un satélite con un chicle y unos popotes?
…y desde ahí….
hasta las condiciones idílicas que no ideales para que un escritor escriba.
Entrevista
–Sr. Vaddy, ¿Cuáles son las condiciones optimas para crear, para lograr escribir con esa garra de la que habla Bradbury?
–Se podría pensar que…bueno generaciones anteriores creen que lo optimo es estar en un café en Montparnasse. Recuerdo a un joven que en una fiesta de cine me dijo que a él le gustaría escribir dentro de una capsula de esas que son hoteles de paso en Japón.
Pensé que sería algo incómodo.
Usted puede ver las condiciones en las que yo escribo. Aquí mismo puede verlo, mire asómese por esa ventana. Eso que ve usted allá no son tanques de gas, son cabezas de ganado pastando, y eso, ¿Qué me dice de eso?, señorita. Todas las mañanas pasan por aquí todas esas aves en equipo, dan vueltas sobre mi Lodge y luego siguen su camino hacia el norte. ¿Sabe la variación de la temperatura entre aquí en donde estamos y allá afuera?
16.5 grados.
Dentro, como puede ver pues lo tengo todo. Un bar, sería un mentiroso si le dijera que el alcohol no tuviera importancia en la creación de mis libros.
En alguna ocasión una reportera como usted dijo que mi estudio se parecia al de Hemingway. Y aunque llegué a estar en Cuba en esa última etapa de locura del Sr H, su estudio era muy distinto. Mi estudio es inoloro y el único pelo que hay aquí es el de mi cabeza pensante. En cambio el Sr. H tenía pelo de 13 animales muertos, cabezas completas colgadas sobre las paredes.
Los muebles igualmente juegan un papel importante. Sí usted pega su hermosa nariz de 4 mil dolares podrá percibir un olor a petroleo y no es que mi asistente los unte todas las mañanas con aceite. Ese olor es la impregnación del combustible de los pozos petroleros sobre los encinos que existían en los años 60 en el sur de Texas en donde fueron fabricados estos 4 escritorios que tengo aquí.
Me gustaría que se olvidara de todas estas banalidades sobre las condiciones optimas para escribir. Aun ni siquiera le muestro el maletín con mis plumas fuentes.
¿Sabe qué?…usted no tiene idea de lo que un escritor necesita para escribir.
Lo que se necesita y es lo que quiero que escriba en su reportaje para que las jóvenes promesas lo lean, no son escritorios pesados, ni vistas, ni alcohol de convento; se necesita algo más que eso.
Para escribir se necesita ser un romántico, señorita, como un poeta, sólo siendo un romántico el escritor podrá despojarse de todas estas bonitas cosas que no sirve para un carajo, no sirve para maldita cosa cuando uno intenta en medio de la noche poder escribir algo que valga la pena, algo diferente…
El teléfono suena, el Sr Vaddy tiembla.
Contesta.
–mañana, hasta luego –responde.
Ya no sé que le estaba diciendo. Bueno.
Ponga por favor que las condiciones optimas para escribir son la soledad…así que si me disculpa la dejo en compañia de mi asistente que también escribe, es su primer novela y seguro tendrá cosas muy interesantes que comentarle.
Hasta luego.
La garra de Bradbury
May 27, 2008
…si me pidiesen que nombrara los elementos más importantes del carácter de un autor, aquello que da forma a su material y lo impele hacia donde quiere ir, sólo podría advertirle que pusiera atención a su garra, que se fijara en su entusiasmo.
-Ray Bradbury-
Ahora recién entiendo el roll que juega la parte anímica del autor en la creación de cualquier obra.
Para ambos polos, la garra de la que habla Bradbury es la misma para denunciar una injusticia que para nombrar lo sublime.
Esa garra es fuerza, es energía. Es el haber conquistado algo.
Quizá por eso los bandazos de temáticas en los autores, por eso del negro al blanco, todo es la forma en cómo el autor está percibiendo su entorno.
Ayer hablábamos de Volpi, yo lo califiqué de escritor mediocre.
Wulf decía que lo que le gustaba era que se informaba muy bien para escribir sus novelas.
Aquí lo que pienso.
El acompañar un texto con ciertos elementos del mundo real no es otra cosa que un recurso ya muy gastado para darle verosimilitud al texto.
Por eso inicialmente hablé de mediocridad, no concibo la literatura como una recreación de xerox de un pasaje histórico.
La verdadera creación literaria, parte de otras cosas, no importa mucho ni en dónde se sitúe, ni esos elementos que descalzan al texto, me refiero a citar cosas enciclopédicas para darle ¿qué?…¿profundidad?…¿un carácter histórico a la novela?
Creo que debido a este elemento tan primario es que Volpi es Volpi y Rulfo es Rulfo, sólo por citar el primer buen autor que se me vino a la cabeza.
Y si hablamos de la garra que menciona Bradbury, la garra de Volpi me entristece muchísimo para un autor nacido en 1968…¿Qué universo puede cargar consigo un autor de casi 40 años de edad?…estoy a punto de llorar de lamentación porque los libros de volpi me hablan de un autor que pareciera creado en incubadora, a eso me refiero, a una cosmovisión que a mi forma de ver las cosas es lo que hace que los libros trasciendan a sus autores.
Ésta es la garra de Bradbury, la que muestra estas palabras con las que hablo y doy elementos más allá del simple “me gustó” sobre otro colega Autor.
Volpi y yo, somos contemporáneos. Si en un futuro se hace una antología por generación, ambos estaremos en el folder de autores nacidos en los 60.
Esta misma garra, es la que me empecina a ser completamente diferente a Volpi, ¿y saben qué?
Este pequeño ejercicio ya lo logró.
esperando
May 25, 2008
Han pasado 24 horas desde que comencé a revisar el archivo de mi novela.
Ayer pude avanzar un poco. Hay momentos en los cuales no tengo muchas ganas de pensar en nada.
Hoy vi algunas fotos sobre atmósferas que me gustaron, la foto carga una historia consigo misma.
La escritura al narrar, al contar, es algo único.
Hoy no puedo avanzar en la novela, la siento demasiado lejana.
A veces siento mi vida así: lejos, como las luces tenues de la ciudad frente a mi escritorio.
Tengo ganas de leer, cuando lo hago mi inconsciente estudia el armado de las frases, el porque la historia da cuenta de ciertas cosas y no de otras.
Estoy cansado, los perros en casa siento que comprenden como me siento, no dan problemas están al igual que yo, esperando que algo suceda.
Todos estamos esperando.
viene fuerte
May 23, 2008
Parece ser que finalmente ayer después de hojear el libro de Nueva Generación de Narradores Mexicanos, entendí que era necesario sentarme, buscar los archivos de word de mi novela y ordenarlos.
No puedo postergar más tiempo el final de mi novela.
No sé que sucederá con ella, pero sí sé que debo terminarla. Me he dado una fecha para hacerlo: 2 meses.
Suena muy poco, casi toda ya la tengo escrita, haré una segunda revisión y agregaré nuevos pasajes.
Estoy entusiasmado con la idea.
Escribo así tan franco porque hace 2 días leí parte de los diarios de José Luis Cuevas y hay una anécdota que me gustaría recordar. Vale la pena que sea en otro post dedicado exclusivamente a ello.
Acá por lo pronto seguiré escribiendo otras cosas, seguiré agregando bloggeros que me encuentro.
Un saludo, lector.